Una fiel adaptación de la novela, con el aliciente de que la voz canaria no solo se lee, sino que se escucha, y es una delicia. Es la historia del verano de dos niñas que dejan atrás la infancia adentrándose en un agosto plomizo que cambiará sus vidas para siempre. Gofio, pies negros, heridas en las rodillas, la Virgen de la Candelaria, papas con mojo verde y el primer beso a las puertas de la pubertad". Fernando Muñoz Jaén, Vista Teatral
"Este es un viaje hacia y desde un día a día común. Hacia los sueños y las primeras veces. Hacia los anhelos y los daños. Desde las emociones primeras. Desde la ternura, la traición, la pérdida y el amor". Dals T., Revista Pop Up Teatro
Esta semana nos dedicamos casi en exclusiva al regreso de uno de los éxitos de la temporada. Del 8 al 12 de julio, vuelve a Teatro del Barrio la adaptación teatral de Panza de Burro, de Andrea Abreu, por parte de la compañía canaria Delirium Teatro. Severiano García dirige a Silvia Criado, Delia Santana, Soraya González del Rosario, Delia Hernández y Javier Socorro. Por aclamación popular y llenos en las cinco funciones programadas, abrimos dos nuevas oportunidades para disfrutarla: el jueves 9, a las 22.00 hs, y el domingo 12, a las 20:30 hs.
Rara vez nuestras ficciones atienden a las clases populares y las voces de la periferia. Se nos echa encima julio y pensamos en vacaciones y escapadas. Pero las vacaciones de las hijas de quienes limpian hoteles y trabajan para el turismo suceden en el entorno (de Tenerife, pero cada vez de más de nuestras ciudades) por el que se desparrama el resto del año
Panza de Burro desgrana de una manera descarnada y divertida, el mundo de dos niñas de 10 años, en un barrio del norte de Tenerife en la ladera del volcán. Las dos niñas Shit e Isora, viven en familias desestructuradas bajo la tutela de un mundo femenino de abuelas. Shit, cuyos padres ausentes trabajan en la construcción y en los hoteles del Sur, idolatra y sigue a ciegas a Isora, que es huérfana y padece trastorno alimentario. Ambas pasan el verano entre el aburrimiento, buscando alguien que las lleve a la playa y tratando de saciar y comprender el naciente deseo sexual que las sacude y arremete constantemente, tierra adentro, confinadas bajo la magua de un melancólico manto de nubes.
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