La propia artista nos cuenta: Estuve varios meses indagando en la brujería y la mitología asturiana en busca de inspiración. Rebuscando con la intención de encontrar alguna cuarteta tradicional que hablara de brujas, acudí a Xosé Ambás. Me cantó El Perlindango y esa cuarteta que acabaría convirtiéndose en la columna vertebral de Acebachi. Yo, que llevo La Cigua al cuello y que siempre he sentido una gran fascinación por esta tradición, quise escribir una canción sobre ella, pero desde el lugar de la bruja, para darle voz y lugar. A ella y a todas las mujeres que fueron señaladas. Para construir la canción y darle forma me junté en el estudio con Cristina Len y Yoel Molina, dos artistas que admiro profundamente. Todo fluyó de una manera muy natural. Entre los tres, Acebachi fue encontrando su camino hasta convertirse en lo que queríamos que fuera: brujería, fuerza, deseo, oscuridad y reivindicación. Lo que comienza con un ligero piano atmosférico con el bosque de fondo, se transforma en un tecno rave que emulsiona hacia un sonido más electrónico dosmilero en la segunda mitad. |