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THOMAS PYNCHON -La reaparición de un autor de culto. Su nueva novela, A OSCURAS, llega a las librerías españolas

 







 

Milwaukee, 1932. En plena Gran Depresión, con la derogación de la Ley Seca a la vuelta de la esquina y Al Capone en la cárcel, Hicks McTaggart, antiguo rompehuelgas convertido en detective privado, cree haber encontrado un trabajo seguro hasta que le encargan lo que debería ser un caso rutinario: localizar y rescatar a una rica heredera de Wisconsin. Poco después, McTaggart se encuentra, sin saber cómo, a bordo de un transatlántico que lo llevará a Europa, y finalmente termina en Hungría. Hicks tendrá que vérselas con nazis, agentes soviéticos, contraespías británicos, músicos de swing, médiums y grupos paramilitares, y lidiar con los problemas que cada uno de ellos conlleva, ninguno de los cuales está capacitado para afrontar. Envuelto en una trama que no entiende, y de la que no ve la manera de entrar ni de salir, lo único positivo para Hicks es que está viviendo el amanecer de la era de las big bands y él, por casualidad, es un bailarín bastante bueno. Que eso le permita regresar a Milwaukee y al mundo normal, que quizá ya no exista, esa ya es otra cuestión.

 

En esta novela, nuestro mundo va a la deriva y nosotros nos encontramos en «el implacable vórtice de un orden mundial que se hunde»; o como dice uno de los personajes: «Estamos a punto de entrar en una edad oscura, chico. Como mínimo mal iluminada». Y es que, significativamente, Pynchon sitúa esta obra entre 1931 y 1933, unos años en que Estados Unidos estaba sumida en una gran Depresión —y Chicago en manos de la mafia— mientras Europa asistía al auge del fascismo.

 

Sin duda, son muchas las referencias a la actualidad política, y destaca la denuncia de hasta qué punto los poderosos se infiltran en los aspectos más insospechados de la vida cotidiana. Tal vez haya alusiones a Trump: «[odio] malgastar mi talento no en un genio del mal, sino en un bobo del mal, peligroso no por su inteligencia, tenga la que tenga, sino por el poder que ejerce gracias a su in­merecida riqueza, y que sus admiradores toman por su voluntad, aunque esta no sea más que la terquedad de un niño» (pág. 239), y a situaciones de rabiosa actualidad. Sin embargo, es recomendable leer A oscuras (y todas las novelas de este autor) con distancia, para descubrir las conspiraciones que justifican la paranoia frente a un Poder que aplasta y manipula a los individuos, y rige sus destinos.

 

En A oscuras, todo está «conectado»: si, por ejemplo, en 1931, en Chicago se estrenaba con gran éxito la película Drácula, protagonizada por Béla Lugosi («un atractivo y vigoroso húngaro», según la novia del protagonista, quien poco después compra por correo una dentadura de vampiro que brilla en la oscuridad), dos años después, el llamado «Tour Trans-Trianón 2.000 de la Hungría Irredenta» para motoristas se ve amenazado, a su paso por Transilvania, por una organización fascista, los Vladboys, que celebran veladas dedicadas a Vlad Tepes el Empalador y se lanzan como manada de lobos a cazar a judíos. Así, la figura del vampiro se erige en un poderoso símbolo, y es el lector quien debe deducir, o decidir, qué simboliza.

 

La prosa es irónica y burlona («un fajo de billetes tan variopintos como los miembros de la Liga de Naciones»; «aquel curioso tipo italiano de la película que no paraba de gritar a todo el mundo, ¿crees que se suponía que era Mussolini?»); en la novela, nadie es quien parece ser, en el lago Michigan puede emerger un submarino de la Primera Guerra Mundial, y tan pronto los lectores se encontrarán con un gólem checo achaparrado (o «de bolsillo»), con una inolvidable pareja de espías británicos, un gigoló que pretende hacer negocios con autogiros de segunda mano, como con médiums capaces de teletransportar objetos.

 

Frente al control que los poderosos ejercen sobre el ciudadano, Pynchon otorga a sus protagonistas el papel de disidentes, de firmes resistentes. Esto es así en el caso de A oscuras, como lo fue también en su novela Vineland, adaptada al cine con gran éxito (y con seis Oscars) por Paul Thomas Anderson, con el título de Una batalla tras otra.

 

Estremece comprobar hasta qué punto Pynchon ve con claridad el presente en el pasado. Y, en A oscuras, lo que ve no son buenas noticias. «Tenemos que vivir otra oscura noche centroeuropea», afirma uno de los personajes, allá por 1933. Porque lo que ocurrió tiene muchas probabilidades de volver a ocurrir.

 

Ana Estevan

Editora de ficción extranjera (Tusquets)



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