La pieza, a caballo entre la autoficción y la performance, podrá verse los jueves 19 de marzo y 9 de abril, en Teatro del Barrio, tras pasar por el festival MeetYou del Teatro Calderón de Valladolid y por el Teatro Principal de Zamora, los días 12 y 13 de marzo. Dirigida por Zaida Alonso, la obra reúne a un equipo artístico con experiencias vitales como cáncer, VIH, discapacidad motora y auditiva o enfermedades raras, que les alejan de unos cánones sociales marcados por una normatividad excluyente. Con este proyecto, Teatro de los Invisibles se aproxima de manera holística al concepto del estigma, cuestionando la normalidad construida en nuestra sociedad occidental y reivindicando los márgenes. La compañía acaba de obtener dos candidaturas a los Premios Max 2026, en las categorías de mejor espectáculo revelación y mejor autoría revelación. |
Explorar el constructo social de la normalidad y los límites de lo normativo. Con esta declaración de intenciones, Teatro de los Invisibles lleva a escena El hambre imposible, la cuarta producción de la compañía que se presentó como work in progress en el marco del festival Surge Madrid 2025 y que podrá verse los jueves 19 de marzo y 9 de abril, a las 19:30h, en Teatro del Barrio.
Dirigida por Zaida Alonso, la pieza, que también pasará por el festival MeetYou del Teatro Calderón de Valladolid (12 de marzo) y por el Teatro Principal de Zamora (13 de marzo), reúne en escena cuerpos y biografías que, por diversas circunstancias (cáncer, VIH, discapacidad motora y auditiva, enfermedades degenerativas o intentos de suicidio), no encajan en unos cánones sociales marcados por una normatividad excluyente. Entre la autoficción y la performance, El hambre imposible se aproxima de manera holística al concepto del estigma, cuestionando la normalidad construida en nuestra sociedad occidental y reivindicando los márgenes, una constante en la línea de trabajo de Teatro de los Invisibles.
Una obra que aborda distintos estigmas en un momento de especial sensibilización
«Hay que extirpar lo extraordinario porque perturba lo cómodamente ordinario», enuncia el actor Fernando Mercè a modo de mantra mientras extrae la “piedra de la locura” en una reinterpretación de una de las pinturas más emblemáticas de El Bosco. A partir de esta imagen, donde la extirpación se nos muestra obligatoria para no alejarnos de lo corriente y lo correcto, Teatro de los Invisibles expone en El hambre imposible historias de vida marcadas por la imposibilidad de encajar en el orden establecido. En esta ocasión, con el estigma como eje principal para abordar episodios como el VIH, la discapacidad, las enfermedades degenerativas, el suicidio o el cáncer.
Hablar sobre los estigmas que rodean estas condiciones se vuelve urgente en un momento en el que, pese a contar con más información que nunca, las personas con VIH siguen teniendo prohibida la entrada a países como Arabia Saudí o Sudán y el 81% oculta su diagnóstico por miedo a la discriminación, según datos de CESIDA (2024).
En el ámbito de las enfermedades raras, que afectan a más de tres millones de personas en España, el tiempo medio de diagnóstico puede superar los seis años y más del 90% no cuenta con tratamiento específico. En algunos casos, la patología ni siquiera tiene un nombre claro o una clasificación estable, lo que la deja fuera de protocolos de investigación y financiación pública, convirtiendo el deterioro en algo que se registra pero no se combate.
En cuanto al cáncer, aunque recientemente se ha regulado el derecho al olvido oncológico, este no contempla adecuadamente a pacientes en tratamiento crónico o con enfermedad avanzada, perpetuando desigualdades en el acceso a seguros, créditos o hipotecas.
Precisamente, el motor de esta obra se encuentra en su propia directora, quien en 2013 fue diagnosticada con cáncer de mama, experiencia que transformó su mirada sobre cómo la sociedad se relaciona con la enfermedad. «El hambre imposible es una investigación en torno al estigma que llevaba años rondando en mi cabeza a raíz de mi condición de paciente oncológica. Un intento de comprender la fragilidad de los cuerpos frente a las narrativas sociales que los rodean, que he querido trasladar a escena acompañada de personas que también se apartan de la normatividad reinante», explica Zaida Alonso, también dramaturga de la pieza. «Todas las realidades que ponemos en el punto de mira comparten una misma grieta: la que separa la identidad real y la identidad socialmente aceptada. El hambre imposible nace de ahí. Del hambre de ser reconocida cuando el sistema solo sabe etiquetar», concluye.
Nuevas líneas de exploración para una compañía con recorrido
A través de cuatro intérpretes (Júlia Solé, Fernando Mercè, Javier Zarapico y Zaida Alonso) y un músico en directo (Jesús Irimia), Teatro de los Invisibles se lanza a la autoficción y la performance, nuevas líneas de exploración para una compañía que, hasta ahora, se había centrado en el teatro documento.
Este colectivo artístico nació en 2017 y, desde entonces, ha logrado tener presencia en contextos escénicos relevantes como el Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid, Surge Madrid, el Festival MeetYou del Teatro Calderón de Valladolid, L’Altre Festival de Barcelona o el Certamen CENIT del Centro TNT-Atalaya de Sevilla, resultando ganador del premio a mejor espectáculo por Contención mecánica. Además, esta pieza, publicada en la revista Acotaciones, ha sido seleccionada por la Red de Teatros Alternativos para su XXIII Circuito de Creación Escénica Contemporánea en 2025 y acaba de recibir dos candidaturas a los Premios Max 2026, en las categorías de mejor espectáculo revelación y mejor autoría revelación (Zaida Alonso). |
