En Generación Inquilina Javier Gil ofrece una mirada esperanzadora sobre uno de los mayores retos de nuestro tiempo: la crisis de la vivienda. No se trata de un problema coyuntural, sino estructural y político. La vivienda se ha convertido en el principal activo financiero del capitalismo contemporáneo, base de un sistema rentista que obtiene beneficios no de producir, sino de poseer, con la especulación como motor económico.
El aumento del precio de la vivienda ha hecho que la propiedad sea inalcanzable para gran parte de la población. De este contexto surge una nueva generación: la generación inquilina, que vive de alquiler por exclusión. Independientemente de su educación, trabajo o esfuerzo, su bienestar depende de la posibilidad de heredar. La propiedad inmobiliaria define ahora la posición en la jerarquía económica.
En el siglo XX, los pactos sociales se basaban en la idea de que cada generación debía vivir mejor que la anterior, apoyándose en un modelo fordista-keynesiano que aseguraba empleo estable, crecimiento económico, bienestar social y acceso a la propiedad como símbolo de estabilidad.
A partir de los años setenta, el auge del neoliberalismo cambió este modelo: los Estados promovieron la vivienda mediante crédito barato y desregulación financiera, convirtiendo la propiedad en un motor de endeudamiento doméstico y acumulación patrimonial, mientras el Estado se retiraba como garante de bienestar.
La crisis de 2008 evidenció la fragilidad de este sistema basado en deuda y crédito, favoreciendo a las élites financieras y fondos de inversión que concentraron la propiedad, mientras gran parte de la población quedó excluida y desprotegida.
Este proceso marca el paso hacia el capitalismo rentista. A diferencia de la economía productiva, se organiza en torno a la propiedad y explotación de activos. No busca fabricar ni vender, sino poseer y controlar aquello que genera renta: viviendas, acciones, patentes o infraestructuras. La riqueza y la posición social dependen cada vez más de los activos que se poseen y menos del empleo o el salario.
El problema de esta economía es que no genera valor nuevo, se limita a apropiarse de la riqueza existente y reorganizarla para sostener beneficios. Esto desplaza recursos hacia quienes controlan los activos, presiona los salarios, encarece la vida y convierte necesidades básicas como la vivienda en fuentes permanentes de extracción de renta.
Generación inquilina analiza cómo la globalización de los mercados urbanos y la financiación de la vivienda han dado lugar a procesos especulativos a gran escala, con el protagonismo creciente de fondos de inversión como Blackstone y de plataformas como Airbnb, que transforman el uso residencial y dificultan el acceso a la vivienda.
Asimismo, este libro examina las consecuencias sociales de estas dinámicas, como la consolidación del alquiler como única opción habitacional, los conflictos sobre políticas públicas de vivienda y el surgimiento de nuevas demandas colectivas por el derecho a un hogar digno.
Javier Gil ofrece un análisis crítico del modelo rentista y explora alternativas comunitarias e innovadoras que priorizan el acceso y la función social de la vivienda. Concluye señalando cómo las nuevas generaciones pueden transformar las políticas y concepciones sobre el hogar, y cómo las grietas del capitalismo inmobiliario pueden abrir la puerta a un ciclo más justo y democrático.
El problema de esta economía es que no genera valor nuevo, se limita a apropiarse de la riqueza existente y reorganizarla para sostener beneficios. Esto desplaza recursos hacia quienes controlan los activos, presiona los salarios, encarece la vida y convierte necesidades básicas como la vivienda en fuentes permanentes de extracción de renta.
Generación inquilina analiza cómo la globalización de los mercados urbanos y la financiación de la vivienda han dado lugar a procesos especulativos a gran escala, con el protagonismo creciente de fondos de inversión como Blackstone y de plataformas como Airbnb, que transforman el uso residencial y dificultan el acceso a la vivienda.
Asimismo, este libro examina las consecuencias sociales de estas dinámicas, como la consolidación del alquiler como única opción habitacional, los conflictos sobre políticas públicas de vivienda y el surgimiento de nuevas demandas colectivas por el derecho a un hogar digno.
Javier Gil ofrece un análisis crítico del modelo rentista y explora alternativas comunitarias e innovadoras que priorizan el acceso y la función social de la vivienda. Concluye señalando cómo las nuevas generaciones pueden transformar las políticas y concepciones sobre el hogar, y cómo las grietas del capitalismo inmobiliario pueden abrir la puerta a un ciclo más justo y democrático.
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