En El prado de las estrellas, los recuerdos de la infancia tienen un peso fundamental en su protagonista Alfonso (interpretado por Álvaro de Luna), un hombre de 68 años que se crió bajo el manto de una amiga de su madre, ya que sus padres fallecieron cuando éste era pequeño. Ahora visita a su cuidadora, ya muy anciana, a la residencia; ella aún sigue guardando el dibujo que Alfonso realizó de pequeño: un niño sonriente, en el prado, bajo un cielo estrellado y rodeado por un viejo roble y ganado, “el prado de las estrellas”. Con ello, y en las distintas tramas que componen la historia (con personajes a quienes dan vida intérpretes como Marián Aguilera, Antonio de la Torre, Rodolfo Sancho o José Manuel Cervino), Camus hacía una romántica defensa a la vida sencilla y rural que se va viendo amenazada por las necesidades capitalistas o el urbanismo salvaje, cuestiones en las que también se hace hincapié.
Además, en la película se integra una historia deportiva: en una de sus tardes contemplando el prado de las estrellas, Alfonso descubre a Martín (Óscar Abad), un joven ciclista que sube sin dificultad los puertos de la zona. Junto a su viejo amigo Tasio (José Manuel Cervino), se entregará en el porvenir del muchacho como ciclista profesional. En una entrevista a AISGE, Mario Camus defendía el valor del deporte por ser “una metáfora la de vida”. “Siempre me dicen que las películas de deportes no funcionan, pero yo soy muy bruto. He caído en el boxeo (Young Sánchez, 1964), el fútbol (Volver a vivir, 1968), el baloncesto (La vieja música,1985) y, ahora, el ciclismo”, señalaba en dicha conversación.